Monday, June 08, 2009

El "efecto Auschwitz"


Esta aviso debiera ganarse un premio de la Asociación Chilena de Agencias de Publicidad. Me llegó ayer al mail y todavía lo releo (hagan click en la imagen para agrandarla). Jugando con la paranoia de la "seguridad ciudadana", me invita a instalar "cercos perimetrales infrarrojos" en mi casa para "proteger" a mi familia.

Pero si eso no fuera suficiente para convencerme, a continuación viene el golpe de genialidad con que seguramente esperan que sus potenciales clientes corran a llamarlos por teléfono. De acuerdo con el anuncio, una de las ventajas de instalar protección infrarroja es evitar el "efecto Auschwitz" que producen las panderetas y alambres de púa. Tal cual. El "efecto Auschwitz".

Así que ya saben. Si no quieren que su barrio se convierta en un campo de concentración, llamen ahora mismo a Vigicam (ni siquiera el nombre de la compañía es de buen gusto) para apurar la instalación de estas maravillas tecnológicas. Recuerden que si no llaman ahora, puede ser demasiado tarde...

Monday, May 25, 2009

Cita cumbre



Foto en el set de The Expendables, la próxima película escrita, dirigida y protagonizada por Sylvester Stallone, junto con Jason Statham, Jet Li, Randy Couture, Dolph ("Ivan Drago") Lundgren, Mickey Rourke, Arnold Schwarzenegger, Danny Trejo y Steve Austin.

Thursday, May 21, 2009

Grant Morrison

Trailer del próximo documental sobre Grant Morrison:

Wednesday, May 06, 2009

Monseñor Goic y la sindicalización

(Carta aparecida en diarios el seis y siete de mayo)

Señor director:

Las recientes palabras de monseñor Alejandro Goic en apoyo a la sindicalización de los trabajadores son particularmente relevantes a la luz del debate sobre reformar la negociación colectiva en Chile. Como siempre, han aparecido las voces que dicen que “no es el momento” para tal proyecto. Esta vez, el “no es el momento” se justifica por la crisis económica, pero siempre hay alguna razón espuria a la que se echa mano para posponer la discusión indefinidamente.

Lo más curioso es que en países como Estados Unidos sí se está hablando seriamente de fortalecer la sindicalización. Recientemente, con la defección del senador republicano Arlen Specter al Partido Demócrata, lo primero que mencionaron los medios es que por fin estaban los votos en el Senado para aprobar una ley denominada “Employee Free Choice Act” (Ley de Libre Elección del Empleado).

La iniciativa pretende facilitar el proceso de organización sindical y subir las multas a aquellas empresas que rutinariamente despiden a trabajadores que expresan su deseo de sindicalizarse.

Con crisis y todo, el año pasado más de 420 mil trabajadores se unieron a un sindicato en EE.UU. Según cifras de la agencia gubernamental de estadísticas del trabajo, se trata del crecimiento más grande del movimiento sindical estadounidense en 25 años. Al parecer, Chile es uno de los pocos países donde se sigue estigmatizando a los sindicatos como organizaciones negativas para la economía.

Gonzalo Baeza

Friday, May 01, 2009

A propósito del Día del Trabajo

Para el empresario chileno promedio, la magnitud de las mal llamadas “conquistas sindicales” se mide según el tamaño del canasto de productos (chocolates, una botella de champagne, etc.) que les regalan a sus empleados a fin de año. No creo, por cierto, que el empresariado tenga la culpa de todo ni que, como en las teleseries de TVN, la gente con plata siempre es mala y emplea a mayordomos con uniforme que les sirven whisky cuando llegan del trabajo. Sin embargo, estos últimos días los empresarios se han encargado de reforzar todos los estereotipos que les cuelgan, partiendo por el que dice que creen en el libre mercado, la flexibilidad laboral (cuánto se puede abrir de piernas un trabajador antes de desgarrarse) y la desgravación, sólo cuando les conviene.

Recientemente, la plana mayor de la Corporación Chilena de la Madera, organización que agrupa a las principales forestales del país, fue a la Cancillería a denunciar la supuesta competencia desleal de sus pares estadounidenses. Cual Quico implorándole a doña Florinda que desenfunde una vez más su legendaria cachetada sobre la cara de don Ramón, el gremio acusó a sus competidores de E.E.U.U. de recibir un subsidio equivalente al ¡50 por ciento! del precio de la tonelada de celulosa.

La respuesta de Cancillería fue similar a la que suelen dar los actuarios de nuestros modernos tribunales de justicia cuando les preguntas algo: “No me joda, ese no es problema mío”. De hecho, se les recomendó que fueran a reclamar ante la comisión bilateral Chile-EEUU, establecida como parte del tratado de libre comercio que firmamos con Washington, D.C. (ese que Lagos puso en peligro cuando se las dio de estadista mundial e hizo un amague de oponerse a la invasión de Irak, pero esa es otra historia. Todavía no entiendo qué ganamos al firmar ese TLC. Tal vez hubiese sido bueno que nuestro Francoise Midterrand criollo arruinara las negociaciones).

Cuando nuestra segunda mayor industria exportadora (después del cobre) es pasada a llevar en los mercados internacionales, los empresarios quieren declarar estado de emergencia. Esperan que nadie se acuerde que el tratado que ahora los perjudica es el mismo que hace unos años alentaban con pompones y coreografías, cantando: “¡dame una ‘T’ (pero no de cobre)!, ¡dame una ‘L’!, ¡dame una ‘C’!”.

Lo más irónico es que se trata justamente del tipo de acuerdos internacionales que más les gustan, no como esos "otros" tratados - innecesarios, por cierto - que llaman a respetar el derecho de sus empleados a sindicalizarse y negociar colectivamente. Esos acuerdos sí que no valen y hay que firmarlos con una mano mientras que con la otra cruzas los dedos y todos se hacen caras de “sóplame este ojo, sindicato querían los h…ones”.

En estos días en que se habla de un proyecto de ley para reformar la negociación colectiva en Chile, surgen nuevamente las voces que dicen que “ahora no es el momento”. La excusa es que estamos viviendo una crisis económica (que parte de la premisa equivocada que fortalecer los sindicatos agrava el problema), pero en otros años la razón puede ser que estamos creciendo y no es necesario fomentar un clima de incertidumbre para las inversiones, o bien que, “sí, es buena idea pero por qué no la dejamos para más adelante”. En definitiva, lo único que se mantiene constante es la postura de seguir aplazando una reforma necesaria.

Este argumento suele ir de la mano de la idea que los sindicatos son obsoletos y ya no juegan rol alguno en las economías modernas. Lo curioso es que justamente en estos días se aviva el debate en E.E.U.U. acerca de una ley que pretende fortalecer a las organizaciones sindicales, facilitando los métodos de organización de trabajadores y subiendo las penas a compañías como Wal-Mart, especialistas en despedir empleados que expresan su deseo de sindicalizarse.

Hace dos días, el senador por Pensilvania, Arlen Specter, renunció al partido Republicano y se pasó al Demócrata. Con ello, el partido de gobierno consigue los 60 votos que necesita en el Senado para aprobar cualquier ley sin necesidad de negociar con la oposición. ¿Cuál fue la primera pregunta que los medios le hicieron a Specter tras dar la noticia? Precisamente si apoyaría la ley de sindicalización, iniciativa apoyada por Obama, Biden y muchos más.

Y es que la realidad desmiente cualquier lloriqueo gremial. El año pasado, con crisis y todo, 420 mil trabajadores estadounidenses (120 mil de ellos de origen hispano), se unieron a un sindicato. Se trata del crecimiento más grande experimentado por el movimiento sindical de E.E.U.U. en 25 años.

En Chilistán, por el contrario, los ayatolas siguen viendo a los sindicatos como una amenaza de los infieles al status quo. No entiendo por qué.

Todavía me acuerdo cómo tras el triunfo de Obama, apareció una camada de políticos giles de todos los espectros diciendo cosas como “yo soy el Obama chileno” o “nuestro partido también representa ese deseo de cambio que encarnó Obama”. No sé si al formular esas declaraciones se referían a que ellos, al igual que Obama, tienen una página en Facebook o que, al igual que el simpático candidato de minoría, ellos también están incorporando a “lolos” a sus comandos de campaña (los “lolos”, por cierto, tienen que haber estudiado en una de las exclusivas madrasas católicas de Santiago. El deseo de inclusión tampoco llega a tanto).

La cosa es que en Chile hay muy poco deseo de cambio genuino y eso es más notorio que nunca cuando se habla de permitir a los trabajadores formar un sindicato. En fin, feliz Día del Trabajo.

Friday, April 24, 2009

Shuttin' Detroit Down

Shuttin' Detroit Down - John Rich

Wednesday, April 15, 2009

Un golpe de estado bancario


Alguien se refirió a la situación económica actual de Estados Unidos como “un golpe de estado bancario”, en el sentido que los bancos parecen dictar las políticas de salvataje y/o reforma del sistema financiero. Si no lo hacen directamente a través de lobbies y donaciones a campañas políticas, lo hacen indirectamente a través de hechos fortuitos (para ellos) como el posicionamiento de sus ex – ejecutivos en cargos clave (por ejemplo: el ex – CEO de Goldman Sachs y, hasta comienzos de año, Secretario del Tesoro de EEUU, Henry Paulson). En el peor de los casos, es un control de facto dado que por el tamaño e influencia de los bancos las consecuencias de sus decisiones (y su posible quiebra) amenazan la estabilidad de todo el sistema. Ante esta eventualidad, los gobiernos (da lo mismo si son Republicanos o Demócratas o, en otras latitudes, conservadores o progresistas) generalmente optan por “rescatar” a estas instituciones en base al razonamiento circular que son “demasiado grandes para fracasar” (día por medio algún comentarista financiero de EEUU repite el mantra que estos bancos son “too big to fail”).

El otro día leía que los cinco principales bancos de EEUU poseen el 96 por ciento de los contratos derivados y por ende una fuerte exposición al riesgo en caso de default. El salvataje en EEUU ha consistido en echar a andar la imprenta, producir billetes nuevos e inyectarlos con la tinta todavía mojada a los bancos para que supuestamente vuelvan a dar crédito y muevan una economía como la de este país, cuyo PNB está compuesto en un 70 por ciento por el consumo individual. ¿Cuál es el sentido de mantener a estas instituciones con un suero en base a dólares recién impresos y seguir dándoles “empujoncitos” si no hay ningún esfuerzo paralelo para regularlas?

Pero los bancos no son los únicos que han rapiñado el plan de estímulo económico de Obama. Ahora uno se encuentra con escenas absurdas como ver a las Cámaras de Comercio de los distintos estados de EEUU haciendo lobby para obtener fondos públicos de proyectos de infraestructura. Proyectos que, por cierto, sus miembros pretenden adjudicarse como contratistas. El problema es que son esas mismas agrupaciones las que se pasan el resto del año criticando al mismo gobierno por su crecimiento supuestamente desenfrenado y por inventar más y más regulaciones que, aseguran, no permiten a la empresa privada ser competitiva en el mercado mundial.

Y para qué hablar de su lucha contra los sindicatos… Este clima ha sido ideal para exigir aún más concesiones a las organizaciones sindicales. Nadie parece darse cuenta que el resultado de décadas de concesiones por parte de los trabajadores automotrices y de la industria manufacturera en general es que de todas formas les exporten sus trabajos y constantemente se les pida renegociar sus contratos colectivos para “salvar” a la compañía. Al parecer, los contratos y bonos pactados sólo se respetan cuando se trata de ejecutivos de firmas de Wall Street, pese a que colapsaron producto de su propia incompetencia y el dinero para honrarlos proviene de los contribuyentes.

Una de las múltiples causas de este problema se remonta a la derogación de la Ley Glass-Steagall en 1999. Dicha legislación prohibía las fusiones entre bancos comerciales, aseguradoras y corredoras de bolsa como Goldman Sachs y Merrill Lynch. El resultado fue que a partir de ese año se desataron las megafusiones de gigantes financieros y la creación de monstruos de Frankenstein bancarios que de ahora en adelante no sólo manejaban nuestros ahorros, jubilación e inversiones personales, si no que apostaban nuestra plata y la de otra gente en el hipódromo especulativo mundial. El responsable de la derogación de esta ley bajo la administración Clinton fue el entonces secretario del Tesoro Larry Summers. Curiosamente, Summers es el actual director del Consejo Económico Nacional de la Casa Blanca. En otras palabras, el principal asesor económico de Obama y uno de los encargados de rescatarnos de la crisis.

Después de una década de chipe libre, volvemos a cero.