Sunday, September 27, 2009

Alejandro Zambra y las defensas corporativas

Alejandro Zambra publicó en La Tercera de este domingo una interesante columna acerca del reciente “ninguneo” de Richard Ford a Roberto Bolaño, un supuesto berrinche tan poco fundamentado como probablemente envidioso por parte del estadounidense. Que algunos autores y críticos comenzaran a cuestionar la positiva recepción de Bolaño en Estados Unidos era inevitable, ya sea porque es tentador ser la voz discordante en una marea de loas y alabanzas, o porque efectivamente el autor no resulta del gusto de todos.

La critica de Ford puede refutarse sencillamente por la forma casual en que fue formulada, más con un afán de provocar que de cuestionar a Bolaño. Sin embargo, pese a que Zambra desbarata el argumento del escritor estadounidense, se deja llevar por la pasión chauvinista que Bolaño despierta en la las letras chilenas y cae en un ataque tan artificioso como lo que insinuaron las palabras al vuelo del Ford. La verdad es que nunca he entendido la necesidad de denunciar estos desagravios a nuestras vacas sagradas, práctica chilena que abarca desde defensas corporativas de nuestros grandes escritores a aguerridas disquisiciones sobre los méritos de la empanada o justificaciones por el mal rendimiento de nuestros cracks futbolísticos en el extranjero.

Según Zambra, la herejía de Ford se explica en parte con el manido argumento que la literatura estadounidense es “pagada de sí misma” o, en otras palabras, autorreferente y tal vez provincial. Una generalización tal sólo puede venir de alguien no familiarizado con dicha literatura o de personas cuyo acceso a ella proviene de lo que se traduce al español, sin reparar en los autores que año a año el mercado hispano ignora.

Con todas sus idiosincrasias y las referencias ineludibles a su cultura , ¿qué tienen de “pagados de sí mismos” autores tan distintos como Thomas Pynchon, Denis Johnson, Larry McMurtry, Philip Roth o James Ellroy, por nombrar sólo a algunos de los escritores de EE.UU que han publicado recientemente? Pese a ser reconociblemente estadounidenses y que su repercusión se deba parcialmente a la influencia cultural de su país, ¿acaso no es un acontecimiento a nivel mundial cada vez que uno de ellos publica algo nuevo? Y no, no me refiero a un acontecimiento tipo Dan Brown, si no al hecho que la expectación que generan es relativamente espontánea – al menos en comparación con la maquinaria editorial que mueven autores como J.K. Rowling – y más bien fundamentada en la calidad de la obra que precede al libro de turno. A veces me da la impresión que todo lo que conocen quienes hablan de literatura estadounidense – con la excepción de personas como Rodrigo Fresán y unos pocos más – son los autores del canon tradicional (Fitzgerald, Faulkner, Hemingway), un par de nombres que por alguna razón han cobrado más influencia en el mundo de habla hispana (Cheever, Carver, Bukowski) que otros igualmente buenos (John Gardner, Owen Wister, John O'Hara) y los contemporáneos que ningún crítico puede eludir como Roth, DeLillo o Auster.

El problema es que, producto de este mismo provincialismo del que solemos acusar a los norteamericanos, sumado al hecho que en nuestros colegios no nos enseñen un segundo o tercer idioma (igual que a los gringos) y que no haya espacio en el mercado para traducir un mayor número de títulos estadounidenses, nos perdemos a una legión de buenos autores. Mirando mi biblioteca, que dista mucho de ser una colección de “imprescindibles”, veo a un sinnúmero de nombres que probablemente jamás lleguen a un público hispanoparlante. A vuelo de pájaro, están los divertidísimos cuentos de Sam Lypsite, los relatos negros de Scott Wolven (quien, por cierto, sí ha sido aplaudido por Ford), Leonard Gardner (autor de un único y desgarrador libro, Fat City, que por sí sólo pesa más que la obra de muchos autores chilenos), Stephen Wright (autor de Meditations in Green, una novela clave sobre Vietnam), o el libro debut de Josh Weil, The New Valley, tres excelentes novelas cortas ambientadas en los bosques y valles de Virginia y West Virginia. Hace poco el blog de Amazon.com publicó una serie de entradas acerca de los libros más representativos de los 50 estados de EE.UU. El número de buenos autores ignorados por las editoriales españolas molesta más cualquier falta de reverencia que Ford pueda manifestar hacia Bolaño.

La literatura de EE.UU tiene muy poco de provincial. Un buen ejemplo es Virginia, un estado particularmente retrógrado en lo cultural y cuya universidad pública sin embargo edita una de las mejores revistas literarias del país, el Virginia Quarterly Review. En sus páginas apareció recientemente la traducción al inglés de Bonsái de Zambra. Por lo demás, si bien se estima que apenas el 3% de los libros que se publican anualmente en inglés son traducciones, numéricamente es bastante más de lo que cualquier persona va a leer en su vida.

Si vamos a hablar de literatura provincial, qué mejor ejemplo que las letras chilenas, cuya envergadura le permite a duras penas proyectarse regionalmente (basta comparar nuestra anémica producción con lo que ha pasado en la última década en Perú o bien con la tradicional vitalidad de la literatura argentina). ¿O acaso alguien ha leído la traducción al inglés de Palomita Blanca?

Después de todo, si alguien inventó el ninguneo a Bolaño fueron autores como Jorge Edwards, quienes miran con condescendencia la adoración que le guardan escritores más jóvenes y sólo a regañadientes lo aceptan en el club, más por el peso de la evidencia que por un deseo de cederle un lugar en el pedestal que ellos mismos se erigieron. Todo ello sin mencionar el ninguneo a nivel regional, partiendo por un Carlos Fuentes que hace poco comentara cómo ni siquiera ha leído a Bolaño.

Para ser justos con Zambra, su opinión no es nueva. A fines el año pasado, el miembro de la Academia Sueca Horace Engdahl despertó la furia del establishment literario local al tachar a la literatura estadounidense de “insular” y “demasiado sensible a las tendencias de su propia cultura de masas”. La reacción fue igual de burda que el juicio de Engdahl, burlándose de la supuesta irrelevancia de autores como Le Clézio y el esnobismo aislacionista de la propia Europa. Más que preocuparse del aparente ninguneo en que incurrió Ford – pese a que su referencia a las “escenas de sexo” de Los detectives salvajes deja en claro que la crítica era en parte una humorada – uno podría preocuparse por el ninguneo real que experimentan los buenos autores chilenos en su propio país. Después de todo, son muchos más chilenos los que leyeron el remake políticamente correcto del Zorro de Isabel Allende que 2666.

Sunday, August 23, 2009

Elmer Kelton (1926 - 2009)



Sunday, August 09, 2009

Alcance de nombres en El Mercurio

Hace unos días, una persona con la que no comparto nada más que el nombre envió una carta a El Mercurio para refutar una carta mía publicada en ¡febrero! Su respuesta aludía a comentarios que hice hace meses acerca de cómo Wal-Mart niega el derecho de sindicalización a sus trabajadores. En ella, mi tocayo se preocupa de dejar en claro que él no es yo porque, como todos sabemos, mi nombre es sumamente exclusivo y para qué hablar de mis apellidos.

Entiendo que hay gente que guarda los diarios hasta que se hace el tiempo de leerlos, pero esta es la primera vez que sé de un debate por escrito en pleno siglo 21 en que una respuesta toma medio año. Como sea, El Mercurio aceptó publicar la carta de mi doble opuesto, me imagino que para acallar el clamor de sus lectores que exigían que continuara el fascinante tema de Wal-Mart que plantié hace más de 180 días. Afortunadamente, y para que nadie se confunda, a mi contradictor le gusta firmar con sus dos apellidos en esa costumbre tan chilena que dice que si un apellido no impresiona, mejor poner los dos (y si eso no es suficiente, entonces hay que agregarle un guión como en el caso de Viera-Gallo, Pérez-Cotapos, González-Videla, etcétera, para que a todo el mundo le quede claro que no comparten ni un gen con las personas de nombres más pedestres. Después de todo, en Chilistán ponerle un guión a los apellidos es el fast-track a la aristocracia).

Como no tenía idea quién era este señor tan rehacio a que nos confundan, decidí buscarlo en Google. Lo primero que me apareció fue un enredo con el desaparecido pero jamás olvidado Fra-Fra Errázuriz, empresario con tan buenos apellidos que el guión solamente lo usa para su sobrenombre. Pensé entonces escribirle una carta a El Mercurio para dejar en claro que pese al alcance de nombre, yo no era esa persona demandada por estafa y quiebra fraudulenta que alguna vez trabajara para Fra-Fra. Sin embargo, opté por responder a los argumentos de su carta y su deformación de los míos.

Desgraciadamente, no me publicaron. Tal vez estén guardando mi carta para seis meses más. Como prefiero no esperar, la reproduzco a continuación:

Señor Director:

Gonzalo Baeza Ovalle respondió el 31 de julio a mi carta publicada en febrero pasado acerca de Wal-Mart y los sindicatos. Me llama la atención que después de seis meses la malinterprete tan notablemente.

Baeza Ovalle condena la estigmatización de personas jurídicas por infracciones laborales puntuales y sugiere que es el caso de Wal-Mart. Sin embargo, la cadena de supermercados es una infractora sistemática de los derechos de sus trabajadores. Recientemente, Human Rights Watch publicó un informe sobre las violaciones de los derechos laborales de Wal-Mart. Ahí concluye que pese a ser el empleador privado más grande de Estados Unidos con 1.3 millones de trabajadores y 4 mil locales, “Ninguno de dichos trabajadores forma parte de un sindicato. No se trata de un hecho fortuito. Wal-Mart emplea una estrategia sofisticada y multifacética para impedir la actividad sindical en sus tiendas (...) y, cuando esta estrategia falla, sofoca cualquier intento de organización”.

Que Baeza Ovalle defienda las virtudes de la empresa privada no viene al caso, pues no las he puesto en duda. Por otro lado, insinuar que mi defensa de la sindicalización constituye promover una ideología que ha causado “angustia y miseria” es tratar de rebatir un argumentó que jamás formulé. Yo solamente manifesté mi coincidencia con el Papa Benedicto XVI, quien destacara a los sindicatos como “un elemento indispensable de la vida social, especialmente en las modernas sociedades industrializadas”. No veo cómo ello se pudo prestar para una lectura tan errada.

Gonzalo Baeza

Thursday, August 06, 2009

Budd Schulberg (1914 - 2009)


Budd Schulberg es uno de los muchos talentosos escritores de Estados Unidos cuya obra fue opacada por el trabajo de contemporáneos con mayor reconocimiento como F. Scott Fitzgerald o Ernest Hemingway. Entre sus novelas más destacadas figuran The Disenchanted (basada en su experiencia trabajando en Hollywood con un Fitzgerald destruido por el alcohol), What Makes Sammy Run?, (considerada una de las novelas definitivas sobre Hollywood) y The Harder They Fall, una de las mejores novelas acerca del boxeo, llevada al cine en 1956 en un largometraje protagonizado por Humphrey Bogart. Schulberg cubrió este deporte como reportero para la revista Sports Illustrated y en 2002 se le incorporó al Salón de la Fama del Boxeo. Fue asimismo fue el guionista de dos de los largometrajes más destacados de Elia Kazan, On the Waterfront y A Face in the Crowd.

Esta mañana he estado leyendo algunos de los obituarios de Schulberg en la prensa estadounidense. Desgraciadamente, la inquisitorial obsesión por la corrección política de los periodistas de EE.UU los ha llevado a centrarse en aspectos negativos de la vida del escritor que, a pesar de todo, no desmerecen su talento. Muchos de ellos destacan el hecho que Schulberg, al igual que el denostado Kazan, declaró ante el infame Comité de Actividades Antiestadounidenses a principios de los años 50. Si bien el acto es reprensible, resaltarlo por sobre sus dotes de escritor es una muestra de la pequeñez y el cretinismo ideológicamente purificador que prevalece en gran parte de la intelligentzia estadounidense. Con este post espero hacerle un poco de justicia a su memoria.

Monday, June 08, 2009

El "efecto Auschwitz"


Esta aviso debiera ganarse un premio de la Asociación Chilena de Agencias de Publicidad. Me llegó ayer al mail y todavía lo releo (hagan click en la imagen para agrandarla). Jugando con la paranoia de la "seguridad ciudadana", me invita a instalar "cercos perimetrales infrarrojos" en mi casa para "proteger" a mi familia.

Pero si eso no fuera suficiente para convencerme, a continuación viene el golpe de genialidad con que seguramente esperan que sus potenciales clientes corran a llamarlos por teléfono. De acuerdo con el anuncio, una de las ventajas de instalar protección infrarroja es evitar el "efecto Auschwitz" que producen las panderetas y alambres de púa. Tal cual. El "efecto Auschwitz".

Así que ya saben. Si no quieren que su barrio se convierta en un campo de concentración, llamen ahora mismo a Vigicam (ni siquiera el nombre de la compañía es de buen gusto) para apurar la instalación de estas maravillas tecnológicas. Recuerden que si no llaman ahora, puede ser demasiado tarde...

Monday, May 25, 2009

Cita cumbre



Foto en el set de The Expendables, la próxima película escrita, dirigida y protagonizada por Sylvester Stallone, junto con Jason Statham, Jet Li, Randy Couture, Dolph ("Ivan Drago") Lundgren, Mickey Rourke, Arnold Schwarzenegger, Danny Trejo y Steve Austin.

Thursday, May 21, 2009

Grant Morrison

Trailer del próximo documental sobre Grant Morrison: